Los conflictos de la protagonista no se centran en la búsqueda de respuestas al eterno tópico ser o no ser. La novela muestra una desesperanza auténtica, la que de tanto sentirla se vuelve cotidiana: los sueños se tornan prohibidos; las emociones, estertores sofocados; el optimismo, renuncia; el día a día, jornada tediosa. En algún momento la protagonista decidirá dar el certero giro que requiere su vida. Apoderarse de su propia existencia será el desafío. Así, con los brazos extendidos, Paloma emprenderá la conquista de sus sueños y paladeará el acre sabor que subyace en cada uno de sus logros. Y en sus fracasos.